viernes, 22 de enero de 2016

Circular a la Sierra de Pigüeña

30/12/2015
Sierra de Pigüeña
Concejo de Somiedo (Asturias)

Para despedir el 2015 el amigo Victor Orbayu nos regaló otro de sus estupendos y alternativos circuitos por Somiedo. En esta ocasión se trataba de un recorrido que permitiría conocer las laderas de Las Claras y Las Oscuras en el pequeño desfiladero de La Reguera, pero el día, extremadamente ventoso, obligó a un cambio de planes sobre la marcha, por lo que obviando Las Oscuras, decidimos regresar por el camino que une Pigüeces con Pigüeña, cerrando así una circular completa a la sierra, que recorreriamos casi que íntegramente.


Inicio/Fin: Pigüeña
Distancia: 12 Km
Desnivel máximo: 600 m
Desnivel positivo acumulado: 1.020 m
Tiempos: 7 horas


Total que bien temprano ya estábamos en Pigüeña. Allí las nubes lenticulares del amanecer, parecían querer anticiparnos lo que nos esperaba por arriba. Viento, viento y más viento.


El recorrido de la primera parte de la ruta puede observarse en esta foto tomada, solo unas semanas antes, desde el valle del Cuermichán, al otro lado del valle del Pigüeña. Desde el pueblo de Pigüeña subiríamos a la braña de Chaneces para seguir por Sulapeña y La Escamplada, a ganar la Muezca el
Ḷḷaguazo. Recorreríamos la zona lata de la sierra hasta el Chano la Sierra, para bajar hasta cerca de Las Veigas, que pasaríamos por encima, buscando el acceso a la Senda del Espino, para cruzar así, la ladera de Las Claras, la margen derecha del desfiladero del arroyo de La Reguera.


Pues nada. A agruparse todos, que así sin quererlo nos habíamos reunido un grupo bien grande y para arriba, a salir del pueblo por la zona alta y subir hacia Chaneces, para luego cortar hacia la izquierda, buscando la Muezca el Ḷḷaguazo.


Subimos por un buen camino empedrado hasta un amplio cruce. Allí, la anterior vez que subí por la Muezca el Ḷḷaguazo y que os conté AQUI, giramos a la izquierda. No dimos con la mejor senda. En esta ocasión tomamos el ramal que sigue de frente.


Llegamos así a las cabañas de la braña Chaneces. Por encima de ellas giraremos a la izquierda para seguir subiendo por Sulapeña.


En Sulapeña, la senda se vuelve cada vez más difusa, mientras se pega a la base de las paredes calizas de la Pena Mochada.


Una vista atrás, con Chaneces abajo a la derecha.


La senda gana un colladín sobre un bosquete de encinas, en la Pena Melera.


Seguimos unos metros más al frente, cuando ya vemos al fondo la cumbre de La Patana, fácilmente identificable por las antenas que la coronan.


Poco después alcanzamos una poco profunda canal que es el Treitoiru la Cerra, por donde se dejaban caer los troncos cortados más arriba. Es el momento de empezar a acometer el ascenso por la ladera de la Escamplada la Cerra. La pendiente aquí es considerable. Pigüeña ha quedado ya muy abajo. Al otro lado del valle vemos el pueblo de La Rebol.lada y el valle del Cuermichán por donde anduvimos hace solo unas semanas.


Seguimos subiendo con ligera tendencia a la izquierda, buscando la entrada a una pequeña canal, a la vera de un grupo de árboles, ya en la base del Sierru la Cerra. En este tramo apenas se distingue senda, aunque la reencontraremos en la base de la canal.


La senda sube por la estrecha canal que se abre en el Sierru la Cerra, la banda caliza que corona la sierra.


Alcanzamos así la Muezca el Ḷḷaguazo, que permite cruzar la sierra de la vertiente de Pigüeña a la de Pigüeces. Aquí el viento ya soplaba con fuerza y aún no sería nada comparado con lo que nos esperaba más allá.


Desde el Alto el Ḷḷaguazo vemos a un lado el valle del Pigüeña, con mala visibilidad en la zona alta. El día no iba a estar para muchas fotos en ningún momento. Nubes, mala luz y excesivo viento para regodearse con la cámara.


Al lado contrario la Sierra del Rubio, con la marcada y pendientísima Canal de la Vaḷḷinona por donde subimos la última vez y que os conté AQUI.


Desde el Ḷḷaguazo seguimos subiendo  por la parte alta de la sierra, ligeramente en la vertiente de Pigüeces, por medio del Monte el Gaḷḷo.



Alcanzamos así el Chanu la Sierra, una amplia collada en la crestería por la que discurre la buena senda que comunica la braña de Pigüeces con el pueblo de Pigüeña. Al otro lado del valle, la Sierra de la Serrantina y el pueblo de La Rebol.lada.


Y Pigüeña a vista de pájaro.


La senda del Alto la Sierra es un buen camino, desbrozado no hace mucho, que baja con un par de zetas hasta las fincas de Las Veigas (flecha) para en ellas girar a la derecha y continuar hacia Pigüeña.


Sin embargo nosotros, justo antes de alcanzar Las Veigas, dejamos el camino. Y es que debemos buscar a la izquierda la entrada a la Senda el Espino para cruzar la ladera de Las Claras. La anterior vez que bajamos por ella salimos a Las Veigas cruzando el robledal de Penas Rubias por terreno muy tomado de maleza. No cometeríamos el mismo error dos veces. Así que en esta ocasión buscamos una difusa senda que sensiblemente en llano, pasa por encima de Las Veigas.


El primer tramo es relativamente cómodo. Mientras tanto vemos las fincas de Combarros al frente y al otro lado ya del valle de La Reguera.


Toca después perder metros hasta situarse justo encima del robledal de Penas Rubias, para continuar hacia la izquierda sobre él.


Terreno muy incómodo este y donde hay que pisar con cuidado, teniendo que apoyar puntualmente las manos en algún paso. Aquí la pendiente es mucha y un tropezón tonto nos tiraría unos cuantos metros abajo.


La verdad es que en este tramo apenas si saqué ni fotos, por lo que os ponto una de otro día, en la que se ve la Senda del Espino y la entrada a la ladera de Las Claras, sobre el desfiladero de La Reguera.


Una vista atrás desde la Senda del Espino en el único punto donde puede dar algo de sensación de vértigo.


Nada más doblar la cresta para entrar en el desfiladero de La Reguera, nos recibe un terrible vendaval que amenaza con tirarnos abajo. Tendremos que subir hasta la Cueva de los Candanales, al pie del paredón que se destaca a la izquierda de la foto.


Al otro lado de La Reguera, la ladera de Las Oscuras por donde teníamos pensado volver. Sin embargo ya empezamos replantearnos la ruta. Las Oscuras cuenta con un par de puntos donde hay que extremar las precauciones y el vendaval que estamos soportando no ayudará a cruzarla.


Vamos subiendo poco a poco por Las Claras.


y pasando junto al par de "ojos" que adornan la parte baja de la ladera.



Otro de los puntos donde hay que apoyar las manos. Terreno muy sencillo, de no ser porque el viento nos zarandea constántemente.


Como buenamente podemos ascendemos hacia la preciosa Cueva de los Candanales, al pie del crestón rocoso que sobre ella se alza como una catedral. Subimos tan rápido como podemos, anhelando alcanzarla y refugiarnos en su interior, aunque por momentos tenemos que pararnos a esperar que las ráfagas amainen un poco.



Por fin llegamos a la Cueva de los Candanales. La decisión está tomada. Con aquel viento sería una imprudencia intentar el descenso por Las Oscuras, así que se impone un Plan B. Por suerte a Victor, lo que le sobran son planes por Somiedo.


 De momento nos dirigiremos hacia la cumbre del Alto las Gabuxas, para lo que nada más salir de la cueva, acometemos el ascenso por la canal de la Cuesta los Candanales. El ella, el efecto chimenea hace que el viento sople de tal manera que por momentos parece que vamos a salir volando.


Alcanzamos un pequeño hombro fuera de la canal donde el viento sopla menos y en el que hacemos una breve parada para picar algo, con la vista puesta en el desfiladero de La Reguera y la ladera de Las Claras por donde hemos subido. Detrás, las fincas de Combarros.


Al otro lado vemos la amplia collada del Chanu la Chanza, a la izquierda, por donde pasaremos más tarde, los Prados de la Barzanieḷḷa y al fondo el Vildéu.


Aprovechando para comer y beber algo rápidamente.


Y después seguimos subiendo. Meternos de nuevo en la canal y volver a soplar con todas sus fuerzas fue todo uno. De hecho la foto se ve movida. Como muchas de las tomadas en esta parte. Abajo, el hombro donde paramos a comer algo con varios compañeros aún saliendo de él.


Alcanzamos el Alto las Gabuxas para los de Pigüeña o el Alto las Falgueras para los de Pigüeces. En el 25000 aparece erróneamente como Peña Chanos o Pena la Gargantiecha. Ni uno ni otro. Coronado por un mojón de buen tamaño, ofrece guapas vistas sobre la Patana, al fondo.


La Sierra de la Serrantina, con el Rabu d´Asnu tras ella, y la cabecera del valle del Pigüeña en el que deberíamos ver alguna de las grandes cumbres de la cordillera, Cogollu, Cabril, Sierra del Páramo, ... pero las nubes lo impiden. Y es que el anunciado frente que llegaba desde el sur por la tarde, ya se estaba aproximando.


El Vildéu


Y la Sierra del Rubio, asomando por encima de los árboles del Monte el Gaḷḷo.


No paramos en cumbre más que lo imprescindible. Hoy no habría foto de grupo en cumbre. En la cima el viento azotaba demasiado. Así que rápidamente nos internamos en el hayedo del Gaḷḷo, donde iremos más a resguardo.



Bajamos por medio del hayedo hasta cortar el camino del Alto la Sierra por el que continuamos hasta la collada del Chanu la Chanza. Tiene narices que yo esto hace un año ni lo conociera y ahora ya sea la tecera vez que vengo por aquí.


Una más a la Sierra del Rubio desde el Chanu la Chanza.


Desde el Chanu la Chanza tomamos la senda que baja hacia la braña de Pigüeces cruzando por el precioso hayedo de Monte Rechayos.



Salimos a los prados que quedan encima de la braña de Pigüeces. A nuestra izquierda dejamos la entrada a la vaḷḷina de la Gargantieḷḷa por donde subimos la última vez que pasé por aquí.


Abajo, entre los árboles, las cabañas de la braña de Pigüeces. Pasaremos justo por encima de ellas, pero sin llegar a entrar en la braña. Al fondo el Rubio.


Seguimos bajando por la senda que se dirige a Pigüeces por la margen izquierda del valle, por Sula Pena la Biesca.


Sin embargo, aún no bajaríamos directos a Pigüeces. A la altura de una marcada canal abandonamos la senda, buscando a la derecha la entrada a la vaḷḷina del Ḷḷumbadeiro, por donde había bajado en otra ocasión. La idea era cortar la sierra hasta alcanzar, en Freisnéu, el camino de Pigüeces a Pigüeña.

 
En su salida - en nuestro caso entrada - El Ḷḷumbadeiro se estrangula en un estrecho paso.


Luego se abre un tanto. El Ḷḷumbadeiro pasa por ser uno de los lugares más salvajes que tengo la suerte de conocer en Somiedo. La pendiente y los árboles caidos sobre el fondo de la vaḷḷina dificultan el avance y sin embargo es precisamente este entorno, lo que hace que sorprenda tanto ver muros, restos de caminos y viejas fincas en lo que hoy es simple y llanamentemente "monte".



Poco más arriba alcanzamos una marcada senda que corta el Monte el Gaḷḷo en horizontal. La seguiremos valle abajo.


Pasando por una zona despejada de árboles, lo que en otros tiempos fue una buena finca, vemos lo que queda de la Cabana del Ḷḷumbadeiro.


Desde ella nos adentramos en un tramo que hoy en un inmenso helechal, aunque quizás lo fue siempre, ya que esto se llama Los Falgueirales y los nombres no se ponen por nada.


Al fondo la Sierra de Peña Manteca.


En Los Falgueirales bajamos a la vera de un abandonado e inutilizado camino que en tiempos tuvo buena caja. Nosotros tenemos la suerte de cruzar esta zona en pleno invierno, pero intentar pasar por aquí en verano, puede ser un infierno. Al fondo del valle ya vemos las casas de Pigüeces.


Por fin alcanzamos una buena senda que sigue en llano hacia la izquierda. Aún queda por atravesar un tramo un tanto tomado de escobero, pero sin mayores complicaciones.


Salimos así al camino que comunica Pigüeces con Pigüeña, justo a la altura de la cabaña de Freisnéu, recien arreglada.


El camino que seguimos ahora, llamado de La Precida, bordea el extremo norte de la Sierra de Pigüeña, saliendo del valle de Pigüeces y entrando en el del río Pigüeña.


Se trata de un camino precioso que durante largos tramos va elevado sobre buenas armaduras, cortando los crestones que caen desde lo alto de la sierra. Por cierto que las previsiones se cumplían y el día ya amenzaba agua.



Un recodo del camino se convierte en improvisado, aunque estupendo mirador del pueblo de Robledo, al otro lado del valle.


Abajo la carretera que sube a Vil.lar de Vildas.


Bien guapo este tramo, pegado a la peña, pasando junto a alguna pequeña cueva.


Una vista atrás.


Y por fin alcanzábamos las primeras fincas de Pigüeña, que mostraban un verde irreal, mientras volvíamos a ver arriba El Sierru la Cerra y la Muezca el Ḷḷaguazo, por donde habíamos pasado por la mañana.


Y ya en Pigüeña, pues lo de siempre, cambio de ropa y para Belmonte a tomarse "un algo" y brindar por el 2015 que se nos iba. Os dejo el track.



Un saludo
Cienfuegos

10 comentarios:

  1. Maravilloso y detallado reportaje que me ha hecho revivir el gran día que pasamos a pesar del invitado que diría Carlos...ya habíamos comentado el as que "sacó de la manga" el amigo Orbayu y fue espectacular. Tienes algunas imágenes inconmensurables...No dejes nunca de subir tus reportajes. Son únicos!!! Un abrazo

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    1. Si qeu fue un buen Plan B el de Victor. No me importó dejar las Oscuras por conocer esa senda de Pigüeces a Pigüeña. Le tenía ganas ya hacía tiempo.
      Un abrazo

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  2. Una ruta para no olvidar por su belleza y cómo no por ese vientecito que hizo de las suyas. Un reportaje estupendo Javi

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    1. Gracias Mar. nos queda pendiente volver a por las Oscuras.
      Un abrazo

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  3. Un gran reportaje como todos los tuyos, un día para recordar, una pena lo de las oscuras pero siguen ahí para volver.... un abrazo y hasta la próxima.

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    1. Gracias Carlos. Efectivamente nos quedan pendientes las Oscuras. Para otro día.
      Saludos

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  4. Impresionante ruta y reportaje como siempre, espero que las oscuras me pueda tocar ir, un saludo.

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    1. A ver, a ver para cuando le ponemos remedio a lo de las Oscuras.
      Saludos

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  5. IMPRESIONANTEEEE, si unimos este pedazo reportaje al pedazo reportaje que también nos regaló Carlos, los que no fuimos con vosotros , podemos imaginar lo que pasasteis ese día, y podemos percibir que además lo disfrutasteis de lo lindo...hay fotazas de lujazo...no me canso de descubrir a través vuestro la de rincones que tiene Asturias, a muchos de ellos, jamás llegaré, asi es que mil gracias por mostrarlos. Preciosa entrada.
    Abrazotedecisivo Javi ,y las oscuras os esperan.

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    1. Sara, el viento fue un invitado sorpresa, pero no nos aguó la fiesta, no. Con esta gente es imposible no pasarlo bien. Ya lo sabes.
      Un abrazo

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